VÍACRUCIS

El Vía Crucis es el camino doloroso que Jesús recorre durante su Pasión, del pretorio de Pilatos al Calvario. Pero es también el camino simbólico de nuestros pecados.

Esta devoción, no necesariamente es una práctica de cuaresma; es recomendable su reflexion en todo tiempo.

I Estación

Jesús es condenado a Muerte

Te adoramos, Cristo y te bendecimos.

Que por tu santa Cruz redimiste al mundo y a mí que soy pecador.

Jesús frente a Pilatos. Hay una guerra a muerte entre el mundo,

representado por Pilatos y Cristo.

Hay que escoger bandera y partido. O con el mundo que se divierte

condenando a Cristo que por amor a nosotros, es condenado a muerte.

Hay un gran abismo entre el ideal y la realidad, entre la justicia y la

injusticia, entre el bien y el mal, entre la virtud y el pecado…; en una

palabra: entre el reino de Dios y el reino del mundo.

Sé en qué partido estuve hasta hoy. Me duele. ¿Dónde voy a estar

desde mañana?...

¡Señor! ¡Dime que no soy del mundo; dime que no es posible servir a dos señores!

Silencio… Padre nuestro, Ave María y Gloria.

II Estación

Jesús carga con la Cruz

Te adoramos, Cristo y te bendecimos.

Que por tu santa Cruz redimiste al mundo y a mí que soy pecador.

Recibe Él, con amor, el madero donde van mis pecados y todas mis miserias. Las que cometí y no pagué, porque las pagó Él. Él las pagó…

Fueron sobre sus hombros. Por eso fui su verdugo y no su discípulo.

Ahora quiero aprender de Él, y marchar tras El con mi cruz: la que

yo fabriqué y el soportó…Ahora prometo hacer penitencia para pagar

mis deudas, para devolver amor…

¡Señor! ¡Porque quiero ser tu discípulo, quiero negarme y llevar mi

cruz con amor!

Silencio… Padre nuestro, Ave María y Gloria.

III Estación

Jesús cae bajo el peso de la Cruz

Te adoramos, Cristo y te bendecimos.

Que por tu santa Cruz redimiste al mundo y a mí que soy pecador.

Y cayó porque le pesaba nuestra carga… Y cayó para que nosotros no

nos desanimemos en nuestras caídas.

Si nos pesa la vida que llevamos, y cuando caemos, acordémonos, que a Él le pesaba nuestra Cruz. Llevaba sobre sus hombros nuestros

pecados, nuestras incapacidades, nuestras fallas, nuestra impotencia…

Todo lo inmundo que poseemos… Porque es nuestro hermano, y con

nosotros avanza por la vida:

El lleva nuestra vida y nuestras obras, hechas cruz, sobre sus hombros.

¡Señor! ¡Que crea en ti, que tu yugo es suave y tú carga ligera!

Silencio… Padre nuestro, Ave María y Gloria.

IV Estación

Jesús encuentra a su Santísima Madre

Te adoramos, Cristo y te bendecimos.

Que por tu santa Cruz redimiste al mundo y a mí que soy pecador.

Siete espadas atraviesan el Corazón de Ella… Se las clavo yo, que

llevo así a Jesús por las calles de Jerusalén, por las calles de mi vida.

Yo, que hice llorar a tantos, la hice llorar también a Ella… ¡Yo, que

tengo el corazón endurecido…! ¡Qué bien sé cargar maderos en las

fuertes espaldas del Señor! …! ¡Qué bien sé clavar espadas en el

blando corazón de la Madre!...

¡Señor! ¡Que mi corazón de piedra se vuelva un corazón de carne!

Silencio… Padre nuestro, Ave María y Gloria.

V Estación

El Cirineo ayuda a Jesús a llevar la Cruz

Te adoramos, Cristo y te bendecimos.

Que por tu santa Cruz redimiste al mundo y a mí que soy pecador.

Somos egoístas, como el de Cirene, cuando contemplamos a Jesús

con su carga. A aquel hombre lo obligaron los soldados a salir de su

indiferencia y tomar la cruz. ¿No será el amor, la contrición lo que

nos obligue a salir de nuestra pereza y cobardía, para pedirle al Señor

que nos deje tomar parte de su Cruz? Porque en ella está la salud y la

vida; porque la necesitamos; porque sin ella, sin lugar a dudas, la gran

mayoría de la humanidad estaríamos condenados y muertos en vida;

es por eso, que quiero llevar con mi Hermano la paga de mi vida y la

salvación de los hombres.

¡Señor! Dame de tu Cruz, para encontrar la verdadera salvación…

Silencio… Padre nuestro, Ave María y Gloria.

VI Estación

La Verónica enjuga el Rostro de Jesús

Te adoramos, Cristo y te bendecimos.

Que por tu santa Cruz redimiste al mundo y a mí que soy pecador.

Cobarde, como todos aquellos que contemplan la caravana; cobardes,

como toda aquella muchedumbre, cuando no nos atrevemos a

confesar a Jesús ante los hombres, no nos atrevemos a enfrentar y

salir al camino como la Verónica y enjugar su rostro… No, yo no me

atrevo a ser piadoso ante los demás…

No me atrevo a ser misericordioso, enjugando el rostro de los otros

cristos, de todos los que sufren… No, no me atrevo.

¡Señor! como al Dios verdadero!...

¡Desata mi cobardía, para que ante el mundo te proclame

Silencio… Padre nuestro, Ave María y Gloria.

VII Estación

Jesús cae por segunda vez

Te adoramos, Cristo y te bendecimos.

Que por tu santa Cruz redimiste al mundo y a mí que soy pecador.

Humillado, cae a los pies de los soldados. No había venido a ser

servido, sino a servir. Abyección de la plebe y oprobio de las gentes…

Jesús, pisoteado y escupido, para que nosotros aplastemos las glorias

del mundo, sus pompas y sus vanidades, y nuestros odios, envidias,

orgullos y soberbias. Para que seamos humildes y conformes, y

contemplemos a Jesús, a los pies de los Apóstoles; ¡Jesús, a disposición

de todos para que todos le comamos…! ¡Y le seguimos pisoteando!...

¡Señor! ¡Tu discípulo no quiere más que a su Maestro… ¡Envíame

fracasos y deshonras!...

Silencio… Padre nuestro, Ave María y Gloria.

VIII Estación

Jesús habla a las mujeres de Jerusalén

Te adoramos, Cristo y te bendecimos.

Que por tu santa Cruz redimiste al mundo y a mí que soy pecador.

Reprende el Señor aquellas lágrimas. Prefiere una compasión más viril, la que florece en contracción y penitencia. La que quiere de nosotros. Es fácil la piedad sensible; ¡rehuimos la piedad sacrificada, la que hace de la mortificación y del seguimiento de Cristo una profesión heroica…! ¡Cuantos lloran al paso de Jesús, y qué pocos le siguen!...

¡Cuántos sarmientos secos en la viña, y que pocos sarmientos vivos y

doblados por el peso de los frutos!

¡Señor! ¡Mírame; corrígeme!; sabes mi debilidad, que me detiene al

margen de tu camino; dime como a Lázaro:

¡Levántate y anda!»

Silencio… Padre nuestro, Ave María y Gloria.

IX Estación

Jesús cae por tercera vez

Te adoramos, Cristo y te bendecimos.

Que por tu santa Cruz redimiste al mundo y a mí que soy pecador.

Una vez más cae por tierra; y una vez más surge y asciende el Señor

para darnos la lección de heroica perseverancia. Porque el cansancio

en el camino de Cristo es de todos y es de siempre; es nuestra

enfermedad, nuestra vida; nos cansamos de seguirle, nos cansamos de

la virtud… Nos cansamos… nos aburrimos… Cristo cae y se levanta

camino, por largo que sea, siempre levantándonos, siempre…

¡Jesús! Cuando veas que me sumerjo en el fango del pecado, perdiendo

me tomen, que tus labios me digan:

¡Hombre de poca fe! ¿Por qué dudas?

Silencio… Padre nuestro, Ave María y Gloria.

X Estación

Jesús es despojado de sus vestiduras

Te adoramos, Cristo y te bendecimos.

Que por tu santa Cruz redimiste al mundo y a mí que soy pecador.

Despojado de todo, libre, sin las mil ataduras con que los hombres

nos atamos a la tierra.

Jesús, despojado, sin nada, frente a mis concupiscencias de cosas,

de mundo, de placeres, de cariño… Jesús, pobre… Jesús, solo…

Yo rico; yo espléndido; yo mimado y querido… Por mis culpas y

malos deseos, y mis codicias, y mis injusticias, Jesús padece pobreza,

deshora, soledad, y lo sigue padeciendo en sus pobres, imágenes

suyas, pedazos de su Cuerpo Místico, y sigue padeciendo en sus

Sagrarios…

¡Señor! ¿Aprenderé a vaciar mi corazón de tierra, a entender lo que es

pobreza, lo que es humildad, lo que eres Tú?

¡Habla, Señor, que tu siervo escucha!...

Silencio… Padre nuestro, Ave María y Gloria.

XI Estación

Jesús es clavado en la Cruz

Te adoramos, Cristo y te bendecimos;

Que por tu santa Cruz redimiste al mundo y a mí que soy pecador.

Cae el martillo, traspasan los clavos la carne de Dios; nuestras bajas

pasiones golpean; nuestros pecados de carne se ceban en la carne

divina; nuestras lujurias hacen llagas en el casto cuerpo de Jesús,

nuestra lujuria ensangrienta su pureza…

Y quedan sus manos abiertas y sus pies clavados. Y yo, enfrente de

Jesús, entre el mundo que ríe y vocifera: ¡Bájate de la Cruz!... Bájate

de la Cruz!... Pero no, Señor no te bajes. ¿Qué sería de mí si dejaras

tu puesto que es mío, el suplicio que yo me gane y que Tú padeces?

Y sigue el mundo riendo y vociferando, porque somos ingratos e insensatos y perversos, pero no te bajes, Señor, y escóndeme en tus llagas para que se duela allí mi espíritu y se haga casta mi carne.

Silencio… Padre nuestro, Ave María y Gloria.

XII Estación

Jesús muere en la Cruz

Te adoramos, Cristo y te bendecimos.

Que por tu santa Cruz redimiste al mundo y a mí que soy pecador.

Dando una gran voz, inclinó la cabeza y expiró. En las manos de su

Padre había puesto su espíritu; y en la de los hombres, su perdón, su

sangre y su Madre.

Todo lo había consumado. Nada más podía hacer ya. ¿Me parece

poco? ¿Nos parece poco?... Sin duda, porque aún seguimos pecando y pecando, nos parece poco la sangre y la muerte de Dios. ¡Él lo sabía, y desde la cruz nos miró enternecido!:

¡Y dijo! «Tengo sed».

Aún le retaba amor y sed de padecer más por nosotros, aún todavía

los siglos, y de los años, y de los minutos… ¡y yo aún sigo pecando!...

¡Señor!... Perdóname e ilumíname para poder vencer el espejismo

que me ofrece el mundo; placer, gloria, poder, tener…

Silencio… Padre nuestro, Ave María y Gloria.

XIII Estación

Jesús es bajado de la Cruz

Te adoramos, Cristo y te bendecimos.

Que por tu santa Cruz redimiste al mundo y a mí que soy pecador.

Sobre el seno de María queda el cadáver de Jesús. Ella, en silencio,

contempla y llora…Es mi obra, la que más cuidé, la que mejor

concluí: ¡Señora yo lo hice; yo maté a tu Hijo, con mis crueldades y

tibiezas, con mis injusticias y cobardías, con mis impiedades; ¡yo fui,

Señora! Tú me lo diste hecho vida, yo te lo devuelvo muerto… Es mi

37silencio, contempla y llora…

Jesús ha muerto. ¿Y yo, tras contemplar y pedir perdón, volveré otra

vez a empezar?...

Silencio… Padre nuestro, Ave María y Gloria.

XIV Estación

Jesús es colocado en el Sepulcro

Te adoramos, Cristo y te bendecimos.

Que por tu santa Cruz redimiste al mundo y a mí que soy pecador.

El sepulcro del Señor es una urna de esperanza, es silencio prometedor

de victoria, en una palabra: Jesús Sacramentado es vida en la muerte.

Jesús, por nuestro amor aceptaste el morir, pero tu muerte hubiera

sido vana y desastrosa para la humanidad, si no hubieras resucitado al

tercer día; en Ti Jesús tenemos puesta nuestra esperanza de salvación,

Tú eres el único Camino, la Verdad y la Vida.

¡Señor! Apiádate de nuestras almas, afeadas y ya casi moribundas por

tantos vicios y pecados, que han podido más que la razón; te pido me

concedas una buena muerte, y al ser llamado de este mundo, pueda

estar contigo en la vida eterna de las manos de tú Madre Santísima.

Amén.

Silencio… Padre nuestro, Ave María y Gloria